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Noticias

‘Klaus’; un cuento de Aramburu en EL MUNDO

El novelista donostiarra, autor de 'Patria', publica desde este lunes en 11 entregas y con la ilustración de Toño Benavides una historia sobre dolor, aprensiones y cobardías basada en una historia real.

Por Luis Alemany

Klaus, el personaje que da título al relato que a partir de este lunes publica EL MUNDO en 11 entregas, no tiene una sola palabra que decir en su cuento. Apenas sabemos de él que es profesor universitario, que trabaja con libros, que vive con su mujer en un barrio de casitas adosadas en una ciudad probablemente alemana, y que está enfermo de cáncer. De hecho, su única tarea en el cuento consiste en morir rápido. Tan rápido que, en realidad, ya aparece cadáver en el primer párrafo. La intriga, por tanto, no es lo que le pasa a Klaus sino lo que le ocurre a aquellos que le rodean. La aprensión, el miedo, la mala conciencia, la repugnancia... aparecen retratados en los personajes de los dos vecinos de Klaus, un matrimonio de gente aparentemente corriente y correcta pero que lleva toallitas desinfectantes en los bolsillos cuando visitan la casa del enfermo.

"Klaus habla de la falta de compasión, del miedo a ensuciarse y a la enfermedad que se esconde debajo de un manto de cortesía y de lo que está detrás de la necesidad de mantener buenas las maneras burguesas", explica el autor del texto, el novelista donostiarra Fernando Aramburu.

–Por cierto, Fernando, ¿qué tal se lleva usted con la enfermedad de la gente a la que quiere?

–Creo que no tengo ningún problema en mirarla de frente. Y lo mismo con las enfermedades que me tocan a mí.

Klaus no se parece a las últimas noticias que tuvimos de Aramburu en las librerías, aquel Autorretrato sin mí (Tusquets), que podríamos resumir como unas memorias sin fechas ni nombres, hechas con evocaciones, aforismos y prosas poéticas. Aparentemente, Klaus tampoco tiene que ver con el aire cargadísimo de Patria o de Años lentos. Pero en el fondo, trata de lo mismo, del relato de una cobardía. "El cuento es reciente, pero lo compuse mentalmente largo tiempo. Hay un caso real detrás, la historia de un vecino de Hannover [la ciudad de Aramburu desde hace tres décadas] que enfermó y cuyo paulatino deterioro viví durante dos años. Esa vivencia la llevé como algo personal, igual que el comportamiento de los sanos en toda su diversidad. Y empecé a evocarlo como un cuento. Cuando por fin me puse a escribir, lo resolví rápido".

En ese caso y, para los que leen con la tableta al lado y el buscador de mapas abierto, el escenario de Klaus tiene nombre: Bothfeld, el distrito de Hannover en el que vivió Aramburu hasta hace poco. "Es un barrio bonito, me gustaba vivir ahí".

¿Es significativo el hecho de que el drama ocurra en Alemania? "Pensé en ello. Pero más que significativo, creo que es justo para mi vecino".

Falta preguntar por el relato como género. ¿Qué hace bueno un relato? "Es como la comida: hay una mezcla de sabor, olor y medida que tiene que armonizar. La novela permite disonancias. En cambio, el cuento todo tiene que estar en su punto justo, tiene que haber suficiente información sin ser demasiado explícito. Hay que tener una gracia especial".