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«Pedro Sánchez ha ‘degollado’ a Iván Redondo»

Graciano Palomo se considera responsable en parte de la caída del jefe de gabinete de Pedro Sánchez tras las revelaciones en ‘Iván Redondo. El manipulador de emociones’, de La Esfera de los Libros.

Por Darío Prieto

Graciano Palomo se considera responsable en parte de la caída del jefe de gabinete de Pedro Sánchez tras las revelaciones en ‘Iván Redondo. El manipulador de emociones’, de La Esfera de los Libros.​

Pregunta.– ¿Cuáles han sido las causas de la caída de Iván Redondo?

Respuesta.– La que más peso ha tenido ha sido que disputó a Sánchez el protagonismo. Ésa fue definitiva. La segunda, la enemistad dentro del Partido Socialista, básicamente Adriana Lastra. Y la tercera fue que Sánchez conoció cosas que no conocía de su Rasputín, como el tema de los cobros por parte de Bárcenas.

P.– Explique un poco más esto último, por favor.

R.– La moción de censura la ideó, la muñó y la ejecutó él. Curiosamente, se derriba a Rajoy por los papeles de Bárcenas. Y resulta que en los papeles de Bárcenas aparece Redondo cobrando 130.000 euros más que Rajoy. Un crack.

P.– ¿Qué le parecen los elogios que han aparecido de él en los medios?

R.– Sus deudos han respondido. Es decir, todos los que ha metido en la radio, televisión pública y otras mamandurrias. Compraron su relato, aunque son conscientes que no deja de ser un publicista venido a más: por el interés te quiero, Andrés.

P.– ¿Qué futuro le aguarda a Redondo?

R.– Félix Bolaños lo apuñaló. Y Sánchez lo ha degollado en la plaza pública y la sangre sigue corriendo por la alcantarilla. Ha quedado muy mal porque se recuerda lo peor de él: el fracaso ante Ayuso, el paseíllo con Biden y la presión a los medios. Entonces, en lugar de salir como Julio César en las Galias, ha salido como Manolete en Linares.

P.– ¿Qué queda de él?

R.– Su huella más determinante es que Sánchez sigue. Porque, en el fondo, Sánchez es un personaje que lo hizo él. Pero su espíritu pervive: la destrucción del adversario, sus obsesiones por el mantenimiento del poder… eso continúa ahí.

P.– A la larga, ¿le vendrá bien a Sánchez haberse liberado de él?

R.– Lo veo muy difícil. Los principales líderes europeos están con la lupa puesta en España. Y además se ha instalado en el Gobierno la desconfianza hacia Sánchez, porque si eso ha hecho al hombre que le hizo presidente, ya me dirás lo que puede hacer con otros.

P.– ¿Algo más del primer ministro español?

R.– No conozco otro presidente más desprestigiado personalmente que Pedro Sánchez. No le cree nadie. Es el rey de la mentira. Pero parte de un hecho, que es que el pueblo español padece alzhéimer colectivo.

P.– ¿Cómo resumiría el credo ivanredondista?

R.– Primero, el hombre se emociona. Después piensa y vota. Esa imagen del helicóptero en Cuelgamuros subiendo el ataúd de Franco excita las bajas pasiones de los perdedores de la Guerra Civil. Pero es que con Monago hizo lo contrario: agitó las pasiones de la derecha populista. Y con Albiol utilizó lo de «Limpia Badalona»... Casi xenófobo. Y luego tiene un objetivo aprendido de Karl Rove y Roger Stone: hay que liquidar al adversario.

P.– ¿En qué sentido?

R.– Trató de hacerlo con Fernández Vara: creó siete cuentas fake diciendo que se gastaba el dinero de la Junta de Extremadura a través de la visa en putrenques whisky. Lo de «IDA» es un invento suyo, repitiendo que Ayuso está loca y desequilibrada.

P.– ¿Es Iván Redondo fachilla?

R.– En una ocasión le dijo a Nacho Varela: «Mi gran objetivo es hacer presidente a alguien de centroderecha». Ya lo intentó con Rajoy en el 2011 y Jorge Moragas, que era director del gabinete, le tiró por la ventana, no le permitió trabajar con Rajoy porque entendían que era demasiado derechista.

La última pregunta- ¿Cómo valora, políticamente, la gestión del COVID en España?

R.– Creo que en el Gobierno -fundamentalmente, Iván- estaban más interesados en utilizar la pandemia en su beneficio político y de imagen que en combatirla. Se saltaron todas las normas y les vino de puta madre para hacer cosas.​